jueves, 13 de febrero de 2014

Breves reflexiones: los mitos del amor romántico (2)

Mi segunda reflexión va dirigida al mito del príncipe azul, o en términos "modernos" podríamos hablar de las 50 sombras del príncipe azul.

Hay una constante en las llamadas historias de amor literarias o novelas románticas: hombre fuerte, poderoso, con dinero, con éxito, con algunos "problemillas", conoce a joven "inocente", a ser posible virgen, con menos recursos, aunque suele ser inteligente además de "bella". Aunque no queda claro cuál de todos estos atributos de ella es el que prima en la atracción (quizás la inteligencia es solo un daño colateral). En el relato suele haber una historia de salvación: ella es salvada por él de una vida tediosa, vacía (volvemos al mito de la media naranja y al vacío provocado por la ausencia de nuestra "otra mitad") y a través del amor logra  dar sentido a su vida. Y ella, a través de su amor (porque el amor lo puede todo), lo SALVA con mayúsculas. Evidentemente no es una salvación equivalente, en la de él, solo tiene que ser él mismo, mientras que en la pretendida salvación que ella realiza sobre él,  se requiere una gran dosis de esfuerzo y sacrificio. Es nuestro acto heroico por excelencia, el sacrificio por amor.

Si pensamos en los cuentos infantiles de príncipes y princesas, el relato es muy similar: Ella atrapada en una torre, dormida a la espera de ser "despertada" por un beso de amor o esperando en la sombra a que le pongan un zapato (que además de tener tacón es de cristal, una clara señal de aviso,  es mejor elegir nosotras nuestro modelo de zapatos). Al final, somos salvadas por nuestro príncipe azul y el cuento finaliza con "y fueron felices y comieron perdices". No es necesario seguir con la historia, lo que pasó después de comer las perdices no interesa. Ya has sido salvada, ya has completado tu vida con tu media naranja. Punto y final.

Este modelo de amor romántico, no solo es sexista, sino doblemente restrictivo ya que es la resultante de la combinación del amor patriarcal y del amor heteronormativo (aunque en el fondo ambos son los mismo),  lo que supone negar e invisibilizar la diversidad afectivo-sexual. Nunca nos contaron un cuento de dos princesas o dos príncipes.

Pero ahora la realidad se vuelve más perversa y perniciosa. El príncipe azul ha evolucionado y se nos ha llenado de sombras presuntamente liberadoras. No nos equivoquemos, no es una cuestión moral. Lo que dos personas que se reconocen como iguales y que desde la libertad individual acuerdan en la intimidad me resulta indiferente. Lo que cuestiono es el mensaje que nos quieren "vender", una especie de renovada liberación sexual para las mujeres, como si se tratase de un paso más en la consecución de la igualdad y, además, se supone que incrementa nuestra supuesta libertad de elección.
 
Hoy no me está quedando tan breve la reflexión, y este es un tema que tiene muchas derivadas, como los "nuevos mandatos de género" que fomentan la hipersexualización de las niñas para adaptarse, entre otras cuestiones, a los nuevos modelos de príncipe azul. Para terminar, voy a compartir unas reflexiones de Natasha Walter de su libro Muñecas vivientes:
"Son las mujeres las que hacen dietas draconianas y someten sus cuerpos a la cirugía, son las mujeres las que se desnudan en las discotecas mientras los hombres las jalean y aplauden; son las mujeres, y no los hombres, quienes piensan que su capacidad para acceder a la fama y al éxito depende de lo bien que respondan a una única y reducida imagen de la sexualidad. Si esta es la nueva liberación sexual, se parece demasiado al viejo sexismo como para convencernos de que se trata de la libertad a la que aspirábamos"

Moraleja 1: Ojo con las sombras, porque sombras son.
Moraleja 2: Ojo con las sombras, porque no nos dejan ver la luz.

Estas moralejas me han quedado con un tono de proverbio bíblico, pero ustedes me entienden.
 



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada